Por Diego von Vacano
DALLAS –En un batacazo sísmico en el Mundial de 2026, España desmanteló a la favorita Francia con una victoria serena y clínica por 2-0 en la semifinal, asegurando su pase a la final por primera vez desde su triunfo en 2010. El partido, disputado en el AT&T Stadium de Arlington, Texas, fue un marcado contraste de estilos donde el control colectivo y la solidez defensiva de España anularon por completo la galaxia de estrellas ofensivas de Francia.

Una declaración de intenciones en el primer tiempo
El punto de inflexión del partido llegó en el minuto 22. Un momento de audacia juvenil del extremo español Lamine Yamal, que cumplió 19 años el día anterior, forzó un penalti. Yamal aprovechó un mal control del lateral francés Lucas Digne, quien entonces cometió falta sobre el joven en un intento desesperado por despejar. Mikel Oyarzabal se encargó de ejecutar la pena máxima y la transformó con contundencia ante Mike Maignan para anotar su quinto gol del torneo. Los problemas de Francia se agravaron minutos después cuando el central titular William Saliba tuvo que retirarse por una recaída en una lesión de espalda, siendo sustituido por Maxence Lacroix.
El primer tiempo fue un testimonio del plan de juego de España. Los españoles asfixiaron el centro del campo francés, impidiendo que el balón llegara a su temible ataque. Francia terminó la primera mitad con solo dos intentos y ningún tiro a puerta, una estadística demoledora para un equipo que había sido tan prolífico hasta entonces.

España sella la victoria
El técnico de Francia, Didier Deschamps, en su último torneo al frente del equipo tras 14 años en el cargo, intentó inyectar frescura a su ataque con la entrada de Desire Doue. La movida le salió mal de inmediato. En el minuto 58, España amplió su ventaja con un gol de equipo sublime. El lateral derecho Pedro Porro combinó con un rápido paredón con Dani Olmo en la frontal del área antes de batir a Maignan con un disparo raso y colocado. Fue un gol que mostró la elaborada circulación de pases de España y su capacidad para atravesar la defensa francesa a voluntad.
La anatomía de una sorpresa
La narrativa previa al partido favorecía ampliamente a Francia, que había arrasado en el torneo con un ataque de alto voltaje formado por Kylian Mbappé, Ousmane Dembélé y Michael Olise. Sin embargo, la estrategia meticulosamente ejecutada por España resultó ser su perdición.
Dominio en el centro del campo: España controló el ritmo y la posesión, con Rodri como eje y director del juego desde el corazón de la medular. Su capacidad para recuperar el balón rápidamente mediante una presión tras pérdida agresiva impidió que Francia pudiera lanzar sus devastadores contraataques.
Solidez defensiva: La línea defensiva española, respaldada por el portero Unai Simón, fue inexpugnable. Simón registró su sexta portería a cero en el torneo, un nuevo récord en los Mundiales, y salió rápido de su área para abortar cualquier amenaza esporádica de Francia.
Las estrellas no brillan: El cuarteto ofensivo francés, que había sumado 13 goles antes de este partido, quedó completamente anulado. Mbappé fue una figura frustrada, con pocas ocasiones claras, mientras que el Balón de Oro Ousmane Dembélé y el creativo Michael Olise estuvieron apagados y sin influencia.

Mirando hacia adelante
Para España, esta victoria es un logro monumental, que extiende su racha invicta a 37 partidos, igualando un récord histórico. Se enfrentarán en la final en Nueva Jersey al ganador de la otra semifinal entre la campeona defensora Argentina e Inglaterra.
Para Francia, la derrota supone un amargo final para la era Deschamps y acaba con su sueño de llegar a una tercera final del Mundial consecutiva. El equipo deberá recomponerse ahora para el partido por el tercer puesto, después de haber fallado en el momento decisivo ante una selección española tácticamente superior.
