WASHINGTON, DC: El artillero Emilio Aristizabal (izq) del Toronto FC protege el balón ante la marca del zaguero Silvan Hefti (der) del DC United quien intenta recuperar el esférico a toda costa, durante la 18va fecha de la MLS 2026. El cuadro capitalino superó al Toronto FC con un penal agónico de Tai Baribo en casa 2-1. Encuentro jugado en el AUDI FIELD de Washington, DC – Fotos por Cesar Hernández DGM

Con un gol agónico de Baribo DC United superó al Toronto FC en casa, 2-1

WASHINGTON, DC –Al DC United, no le sobró nada, necesitó del córner de Keisuke Kurokawa a los 41 minutos del primer tiempo para poner los paños fríos al cuadro capitalino tras un centro al corazón de la visita para Kyle Rowles quien de cabeza descolocará al meta Luka Gavran dentro del área –y el penal de Tai Baribo a los 100 minutos– dio la victoria, 2-1 al cuadro capitalino agónicamente al completarse la 18va fecha de la MLS.

Pero al margen de esas circunstancias propias del juego, el equipo local crece en confianza, se hace solidario, se sobrepone a los errores, cree en sí mismo cada día más. Lucha, corre, juega cuando puede, que sufre, que pelea, que respira y sueña con sus 19,215 hinchas quienes abarrotaron el Audi Field de la capital.

¿DC United quiere más?

Curiosa esta nueva versión del DC United después de una parada por la Copa Mundial, quiere más. El de las goleadas impiadosas y frecuentes. El del que anhela un título más. El que busca la gloria. Aquel equipo a veces vistoso y contundente, seguro de sí mismo, intérprete del fútbol unánime y sin tiempos que jugaba casi siempre, corría porque se juega corriendo, simplemente. Ahora cambió.

Y tanto. Y en un lapso tan breve por el mundial le dio esta energía. El viejo protagonismo de Tai Baribo o de Louis Munteanu que lo asume, el de Joao Martins Peglow, con su orgullo a cuestas. Las garantías inviolables que extendía la portería de Sean Johnson, y la defensa con Keisuke Kurokawa y Lucas Bartlett, apoyados por Silvan Hefti y Kye Rowles a ver qué pasa.

Los gritos innumerables que originaron de Brandon Servania, Andre Dozzell y especialmente de Jackson Hopkins cuando pedía el esférico, pasea de nombre en nombre, buscando un destino confiable.

Todo es más difícil. Todo cuesta más. Seguir, ganar, creer en la MLS 2026.

Después del último empate ante el Houston Dynamo FC 1-1, alguien reaccionó sin sonrisas, del verano reinante y la pesadilla reiterada que encarna al Toronto FC, y del pésimo comienzo en la MLS, alguien reaccionó. Alguien —tal vez el entrenador Rene Weiler, tal vez los propios jugadores—. Y DC United salió, va saliendo de su letargo y evitando la vergüenza deportiva de ser eliminado de los Play-off.

El asunto es cómo llega y la explicación no resulta demasiado misteriosa: con Fervor, con Fe en las fuerzas, aunque sean menos que antes. Con entrega absoluta. Con la convicción renovada de Joao Martins Peglow, otro abanderado del cuadro capitalino, del artillero Tai Baribo, jugando bien o mal, de Louis Munteanu y Brandon Servania cuando les toca estar en la cancha y ahora con Nathan Ordaz con actitud, en una palabra.

Nada es más importante que eso para un equipo que quiere más, por encima de planteos tácticos adecuados o no, de la suerte o la mala suerte, de las circunstancias imprevisibles y hasta de la categoría de sus integrantes.

Pero que le paso a Toronto FC sin actitud positiva, un equipo es nada, o poco. El cuadro canadiense tiene eso, en esta etapa de calidad menguante, y con eso sobrevive en la MLS. Lo comprobó DC United en la primera parte, dominador intelectual del juego y durante casi todo el complemento Toronto FC, se dueño del desarrollo, del vaivén con los toques de los recién ingresados Djordje Mihailovic, las gambetas picantes de Deandre Kerr, y la movilidad con criterio de Theo Corbeanu quien logro el empate a los 76 minutos tras una pelotera en el corazón del área chica capitalina.

Con ellos y la tendencia colectiva de presionar al DC United en el complemento, el conjunto del estratega Robin Fraser eligió tiempos y espacios, asimiló la desventaja inmerecida, empató por maduración para quedarse con todo. Lo hizo, claro, pero lo pagó a los 99 minutos cuando una infracción revisada por el VAR dio un claro penal para la casa.

Podría decirse que Toronto FC murió por ser incapaz de matar en el segundo tiempo, y ésa es una ventaja exagerada para el DC United de los conjurados optimistas. Y para opinar sin ataduras. De este DC United que quiere volver a ser protagonista…

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