Por Diego von Vacano, Deporte Gráfico MD
WASHINGTON, DC –La paciencia tiene un límite. Y en Washington DC, una de las aficiones más leales y conocedoras de la MLS ha llegado al borde del abismo. Las últimas tres temporadas y lo que va de la actual han sido, para DC United, un ejercicio de mediocridad constante. No se trata solo de malos resultados, sino de la ausencia total de identidad. El equipo no rinde, no compite y, lo peor de todo, no ilusiona.
El análisis frío de los números es demoledor. En 2023, el equipo quedó noveno en el Este, fuera de los playoffs por diferencia de goles, pero sin merecer realmente estar en la pelea. En 2024, la caída fue aún más profunda: un puesto 13, con una defensa que parecía un colador (más de 60 goles recibidos) y un ataque dependiente de destellos individuales de Christian Benteke, héroe a medias en un equipo sin brújula. La temporada actual, lejos de mostrar mejoría, confirma la tendencia. Derrotas dolorosas, incapacidad para mantener ventajas y una sensación de ‘Déjà Vu’ del argot francés que enfurece a los hinchas.

¿Por qué DC United no funciona?
Las tres razones son estructurales:
Primero, un error garrafal en la planificación deportiva: se ha confiado en jugadores veteranos de perfil bajo y en promesas que no terminan de explotar, sin un proyecto de juego claro, cuándo Wayne Rooney, como entrenador, fue un parche emocional que no dejó sistema; y sus sucesores han repetido la misma fórmula: reacción, no propuesta.
Segundo, la defensa es un desastre táctico: nula presión tras pérdida, líneas separadas y laterales con más alma que oficio.

Tercero, y quizás más grave, el club ha roto el vínculo emocional con su afición. Ya no hay “espíritu DCU”, esa mezcla de garra y talento que hizo grande al equipo en los 90 y 2000.
Y aquí es donde la decepción de la enorme base de fans bolivianos en el área metropolitana de Washington se vuelve un clamor. Para ellos, DC United no es un equipo cualquiera. Es el club que tuvo a dos de los más grandes ídolos de su selección: Marco Etcheverry, el “Diablo” cerebral y combativo, y Jaime Moreno, el goleador elegante y letal. Esa dupla no solo ganó títulos (tres MLS Cups y dos Supporters’ Shields), sino que le dio al equipo un estilo sudamericano, pausa, picardía y una conexión única con las comunidades latinas de la capital.
Hoy, ese vínculo está roto. La directiva parece ignorar que en Washington vive la colonia boliviana más grande y apasionada de Estados Unidos. Esa afición está harta de ver un equipo sin alma. Y la solución no es solo táctica, es simbólica y estratégica: traer jugadores bolivianos.
La nueva generación de talento boliviano espera su oportunidad
Afortunadamente, no se trata de una utopía. Existe una camada de jóvenes bolivianos que ya están compitiendo al más alto nivel y que podrían vestir la camiseta negra y roja. Consideren los siguientes nombres:
Miguel Terceros (Santos, Brasil): Tal vez el mayor talento ofensivo de la nueva generación. Con una técnica exquisita y capacidad goleadora, está llamando a las puertas de la selección absoluta. Su juventud y proyección encajan perfectamente con la necesidad de DCU de rejuvenecer el ataque y tener a un jugador capaz de desequilibrar por sí solo, evocando la magia de Etcheverry.
Ramiro Vaca (Wydad Casablanca, Marruecos): El “10” moderno. Este talentoso centrocampista, que recientemente fichó por el gigante marroquí Wydad Athletic Club, ya acumula experiencia internacional en Bélgica y Bolivia. Tiene la visión, el pase filtrado y la personalidad para ser el cerebro del equipo. Fichar a Vaca sería un golpe de autoridad: traer a un jugador que está compitiendo al máximo nivel y que anhela ser el líder de su selección.
Robson Matheus (Bolívar): Un extremo izquierdo de apenas 21 años que ya es una de las grandes promesas del fútbol boliviano. Robson Matheus se caracteriza por su desborde constante, su velocidad endiablada y su capacidad para generar ocasiones de gol desde la banda. Su estilo vertical y sin complejos es exactamente lo que necesita un DC United que ha sido predecible y lento en ataque. Además, su juventud significa que llegaría con hambre de triunfo y con la posibilidad de crecer en la MLS para luego dar el salto a Europa, dejando plusvalía al club.
Moisés Paniagua (Wydad Casablanca): Un extremo veloz y desequilibrante. Paniagua representa la rebeldía y el uno contra uno que tanto extraña el equipo. Su capacidad para jugar en ambas bandas daría amplitud y profundidad al ataque. Es de esos jugadores que hacen que la afición se levante de la silla cada vez que recibe el balón. En un equipo que ha carecido de creatividad, Paniagua sería una bocanada de aire fresco.
Gabriel Villamil (Liga de Quito): Un pivote defensivo con tremendo despliegue físico y capacidad de recuperación. Villamil ha demostrado en la selección boliviana y en la Copa Libertadores que tiene el temple para jugar partidos de alta exigencia. Sería el complemento perfecto para liberar a un creador de juego como Vaca. Proporcionaría ese equilibrio táctico que tanto ha faltado en el mediocampo de DCU, donde la transición defensa-ataque ha sido un caos constante.
Diego Medina (Always Ready): Otro de los grandes proyectos del fútbol boliviano. Un volante ofensivo con buen golpeo de balón y capacidad asociativa. Su juventud significa que llegaría con hambre de triunfo y algo que demostrar en la MLS. Puede jugar tanto por dentro como por la banda, lo que le da una polivalencia muy valiosa.
Efraín Morales (CF Montréal, MLS): Aquí no hay que inventar nada. El defensor central de 22 años ya está en la MLS y está demostrando su valía. Recientemente extendió su contrato con el CF Montréal hasta 2028, lo que habla de la confianza que tiene el club canadiense en él. El zaguero de 1,91 metros, formado en la cantera del Atlanta United, es internacional absoluto por Bolivia y tiene un futuro enorme por delante.
¿Por qué DC United no hizo un esfuerzo por repatriarlo?
Es un defensor joven, con experiencia en la liga y que representa a la selección boliviana. Es el tipo de jugador que podría anclar la defensa durante una década.
No se pide otra leyenda inmediata —aunque si apareciera un nuevo Moreno, bienvenido—, sino recuperar el puente afectivo. Incorporar a jóvenes talentos como Terceros, Robson Matheus, Paniagua, Villamil o Morales sacudiría la tribuna. Esos jugadores correrían con la camiseta negra y roja como si llevaran la enseña verde, blanca y roja de su país. La afición boliviana volvería a llenar el Audi Field con banderas, cánticos y esa fe inquebrantable que tanto extraña el club.
Revivir las glorias de Etcheverry y Moreno no es un ejercicio de nostalgia estéril. Es recordar que DC United fue grande cuando supo mezclar la garra estadounidense con el talento latino, y especialmente boliviano. Mientras la directiva siga trayendo mediocridad europea o jóvenes universitarios sin hambre de gloria, el equipo seguirá en el fango. La receta está en La Paz, Cochabamba y Santa Cruz. No es casualidad que los años dorados del club llevaban acento ‘camba’.
Así que no más excusas. DC United necesita resultados, sí, pero sobre todo necesita reconectar con su corazón boliviano. Que el próximo fichaje no sea un nombre para llenar un expediente, sino un jugador que entienda que, en la capital de Washington, DC el fútbol se vive con la misma pasión que en el Hernando Siles. Solo así volverán las viejas glorias. Solo así el equipo dejará de ser una decepción. Y solo así la afición, la más grande de la costa este, volverá a creer…